Una nueva poesía...



¡Oh, venerada Tierra!,
¡Oh, venerado Cielo!,
¡Oh, venerado Viento!,
Que acaricias mi rostro.

¡Oh, Sol grandioso!,
¡Oh, majestuosa Luna!,
¡Oh, dulce agua!,
Que sacias la sed del desierto.

¡Oh, gran fuego!
y ¡Oh, elementos!
Que formais el mundo,
y favorecéis al hombre.

¡Oh, espíritus!,
Almas errantes.
Vagabundos en este mundo;
dueños de los cielos.

¡Oh Dioses inmortales!,
creadores del Universo.
La naturaleza os llama;
os convoca a este planeta.

¡Oh poderosos Dioses!,
si aún seguís ahí.
La Madre Tierra se desgarra,
con dolor y amargura.

Es nuestra raza;
el hombre creado;
el que lentamente,
acaba con ella.

Y la Gran Madre pide ayuda,
desesperada y atormentada;
por los golpes de sus hijos;
de los que prometieron cuidarla.

La Tierra os suplica,
misericordia y ayuda;
aplacar a estos seres,
con sed de ser Dioses.

¿Vendréis ya,¡Oh Dioses!?.
¿Arrreglaréis ya esta podredumbre?.
El hombre se ha desbocado;
necesita un jinete.

Ya hay poco tiempo,
apenas unos años.
Algún siglo, quizás;
a este ritmo no más.

¿Montaréis a este caballo,
que cabalga hacia el acantilado?.
¿O dejaréis que caiga estrepitosamente,
y muera asustado?

Yo os ruego,
por la tierra y sus seres;
por la vida y el hombre;
por el futuro aguardado.

Yo os convoco, ¡Oh, Dioses!
A que caigan vuestros bramidos;
vuestro rigor y justicia,
sobre este loco caballo.

Yo os llamo, ¡Oh, Dioses!,
a coger las riendas;
a reconducir la tierra;
a transformar al hombre.

Yo os imploro, ¡Oh, Dioses!,
a crear un nuevo mundo.
Yo os hablo, ¡Oh, Dioses!
¿Me escucharéis algún día?


Juan Manuel Sánchez
6-11-09

De nuevo por aquí...

Bueno, tras una larga ausencia por motivos que ya contaré más adelante(Puesto que es largo y difícil de explicar), he decidido volver a pasarme por aquí, para intentar, esta vez sí, darle una cierta continuidad a este blog. Hoy os expondré una poesía escrita recientemente, en lugar un tanto especial del que tambien os hablaré más adelante y en el cual he aprendido cosas que si bien todos podemos conocer de oídas, no todos conocen de primera mano. Y como tampoco quiero dar por ahora muchas pistas, pues os dejo con ella sin más espera. Espero que la disfruteis...

La mar está tranquila,
aunque hay visos de tormenta.
Y la nave zarpa de nuevo,
con el corazón hambriento de sueños.

Ahora solo hay un puerto,
en la brújula marcado.
Un solo puerto deseado,
por el barco embrujado.

Son mares bravos,
de frecuentes naufragios.
Mares soñados,
por capitanes intrépidos.

Mares profundos,
de grandes anhelos.
Fuentes de vida,
destino de grandes ríos.

Las aguas van y vienen,
la tripulación se prepara.
El viaje será largo;
el fin desconocido.

Pero allá van con ilusión,
determinación y coraje.
Rumbo a los bravos mares,
guiados por su corazón.



Juan Manuel Sánchez
24-10-09

 

Una de proverbios...




Lo pasado ha huido; lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.(Proverbio Árabe)

Si te caes siete veces, levántate ocho. (Proverbio chino)

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. (Proverbio hindú)

Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja. (Proverbio italiano)

La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre. (Proverbio africano)

Cuando el carro se haya roto muchos os dirán por donde no se debía pasar. (Proverbio turco)




Porque



La vida cambia,

Una y otra vez.

El tiempo pasa,

Como siempre nada el pez.

 

El camino se bifurca,

A veces ay que elegir,

Y una vez decidimos,

Hacia atrás no se debe ir.

 

A veces guía el corazón,

Y el alma sigue adelante,

Otras es la razón,

Y una idea palpitante.

 

¿Cómo distinguir pues,

el camino a seguir,

si nuestro confuso ser,

no sabe decidir?

 

¿Cómo asegurar,

la correcta decisión,

en una vida sin fin,

cuyo camino depende de ti?

 

Y sobre todo,

¿cómo corregir,

esos errores que vienen,

y se guarecen en ti?

 

Nadie parece saber,

El destino que aguarda,

Tras cada acto personal,

Tras cada paso en la eternidad.

 

Un destino puede haber,

Una casualidad tal vez,

Un misterio seguro,

En la mente; nuestro futuro.

 

¿Somos realmente libres,

o muñecos de los dioses?

¿Juegan con nosotros,

esos seres superiores?

 

Aunque por otra parte,

¿quiénes son, si es que hay,

esa gente sin control,

que tanto daño hace?

 

¿Por qué el hombre es libre,

pero esclavo del destino,

¿por qué dios es bueno,

y el hombre su niño?

 

¿Por que el hombre es culpable,

si es dios el que dirige?

¿Por qué dios no razona,

y luego pide que pienses?

 

¿Hay alguna forma de saber?,

aquello que nos rodea,

¿Qué es?

¿Llega ya la tempestad?

 

Porque...

Esa es la clave,

Del mundo que rodea,

Esas almas deambulantes.

 

Porque...

Es la gran pregunta,

El gran misterio,

La gran frase.

 

Porque...

Porque...

Porque...

¿Nunca lo sabré?

Mini poesía...jejeje



A veces me pregunto,
donde quedarán,
los sonidos de mis labios,
las palabras del corazón.

A veces me pregunto,

si algún día volverán;
si alguien las guardó,
o un infierno las capturó.

A veces me pregunto,
que es lo que pasó,
con tal o cual frase,
que mi alma creó.

Y a veces me pregunto,
no sin dolor,
sin tanto pensamiento,
a alguien sirvió.

Juan Manuel Sánchez

Madrid, 14 de febrero de 2009



Una reflexión sobre la vida...

Hace ya algún tiempo, pude tener la ocasión de descubrir un libro que, si bien por su título puede no agradar a muchos, he de reconocer que en mi caso abrió muchos rincones de una mente muy dada a la fantasía y el idealismo más utópico.Además, por la época que atravesaba, que era de especial inseguridad en aquello que me rodeaba, pues vino a ofrecer un abanico aún más amplio de posibilidades,lo que en mi caso, se tradujo en una profunda crisis existencial que me temo ya no pasará nunca, pues… ¿Qué es realmente la vida? ¿Tiene algún sentido nuestra existencia? ¿Somos realmente seres creados por algo o alguien o por el contrario somos producto del azar? Son, por supuesto, muchas más las preguntas que nos podrían atormentar (Y que en mi caso de hecho lo hacen en ocasiones)pero junto a la eterna pregunta de que es la muerte esas serían, en mi opinión,  las más importantes.

 

Nuestra especie lleva existiendo aproximadamente unos dos millones de años, según las investigaciones científicas, aunque el universo podría tener hasta unos trecemil setecientos millones, según he podido leer en la wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Universo). Lo cual hace aún más difícil encontrar un sentido a todo, puesto que si nosotros somos el fin de la creación de todo, como sostienen las religiones… ¿Por qué tanto tiempo entre el principio y nosotros?

 

Es,pues, una tarea imposible(O casi, porque dicen que no hay nada imposible)descubrir el porqué de todo, o el sentido de nuestra existencia. Es también imposible(O, nuevamente, casi imposible) poder llegar a saber cuál de las múltiples teorías acerca de la vida es cierta, y cuales están equivocadas. Y es, por tanto, imposible(O casi…) que alguien pueda llegar a tener el conocimiento suficiente como para poder decir: “Estás equivocado”, y no ser él el primero encometer un error…

 

Y bueno… ¿A dónde quiero llegar con todo esto? , se preguntarán. Porque todas las reflexiones suelen tener alguna idea concluyente…

 

Pues bien, es muy sencillo. Tan sencillo que, debido a la gran complejidad a la quelos seres humanos solemos acudir para sentirnos importantes (En mi opinión, por supuesto; ya lo explicaré otro día) pues nos resulta imposible(O casi…) de cumplir. Y es que, en mi opinión, deberíamos, pues, de abolir toda ley u obligación y sustituirla únicamente por una frase: “Haz lo que desees mientras no hagas daño a nadie”.

 

Utópico,dirán,  ¿no?.  Ya lo suponía. Y es que por desgracia(o por suerte, según para quien) vivimos en un mundo en constante lucha por la supervivencia. Leones contra cebras; Guepardos frente a Gacelas; Bacterias y antibióticos… Una eterna lucha que, en los casos que menciono, será imposible frenar, puesto que para que el León o el Guepardo sobrevivan, es imprescindible su confrontación. Pero… ¿Puede ser ello razón suficiente para que también entre humanos tengamos que seguir como hasta ahora, haciendo caso de los machos dominantes que deciden por nosotros a cambio de nuestra seguridad? ¿Puede ello ser excusa para los dirigentes de éste mundo, que, con la excusa de la seguridad y la supervivencia, provocan situaciones tan dramáticas como la guerra de Gaza o las muertes de niños congoleños en las minas de Coltán? ¿Es nuestra supervivencia como individuos realmente más importante que nuestra supervivencia como especie…?

 

Ahí es donde, en mi opinión, la gran mayoría se equivocan. Yo no creo que en éste mundo solo estemos para sobrevivir y perpetuar los genes del más fuerte. O almenos no creo que debamos estarlo. Yo creo que, ya que estamos aquí, y puesto que no sabemos el porqué, lo mínimo que deberíamos de hacer es respetar elmundo en el que vivimos. Y eso incluye no solo la tierra como planeta, sino también a sus habitantes los seres vivos. Incluye a los humanos blancos, negros o amarillos; pero también a los leones, guepardos, cebras o gacelas; a las flores y los árboles; al agua y la tierra. Incluye todo aquello que contiene este Universo tan extenso, y el cuál, si no fuera precisamente por esa supuesta lucha por la supervivencia a la que nos debemos, seguramente sería mucho mejor conocido, puesto que los soldados que luchan en las guerras serían astronautasque exploran el espacio; los generales que los mandan serían los astrónomos que los guiarían desde tierra; y el ideal por el que todos viviríamos sería únicamente el del conocimiento; el de poder llegar algún día a conocer nuestros orígenes y nuestro futuro, y poder, además, lograrlo entre todos, sin dejar a nadie de lado por ser diferente a nosotros(Yo soy de los que opinan que todos somos diferentes, pero no por ello más o menos útiles, puesto que siempre dependerá de lo que deseemos lograr).

 

En definitiva, un mundo donde la verdadera supervivencia,(Nuestra supervivencia como especie humana y no como individuos) será millones de veces más fácil,puesto que en mi opinión es precisamente nuestra especie el mayor peligro para la supervivencia, al provocar continuas guerras y como consecuencia armas más destructivas; aparte claro está del tan mencionado cambio climático o la posible séptima extinción masiva, que de llevar razón sus defensores, se estaría dando en estos momentos únicamente por la  intervención del Ser Humano. ¿Es, pues,realmente una utopía lo que defiendo, o quizás sea la opción más adecuada?Teniendo en cuenta como estamos ahora, quizás sea hora de replantearnos ciertas cosas…

 

Por último, antes de terminar, y viendo la multitud de caminos que podrían tomar mis palabras, tan solo me gustaría decir que, de cumplirse realmente esa pequeña frase, entonces no habría excusa posible para todos esos grandes males que parecen acecharnos continuamente. Nadie haría daño a nadie, y nadie necesitaría vengarse de nadie. No habría asesinatos, ni violaciones, ni maltratos; tampoco guerras o esclavitud. Y sé que suena utópico, puesto que solemos considerar el mal como algo inevitable, carente de cualquier control. Pero ese libro también me enseñó otra cosa, y es que en este mundo no existen ni el bien ni el mal, si no las perspectivas y las diferentes formas de ver las cosas. Un tema que trataré más adelante, puesto que es siempre muy polémico y con visiones muy enfrentadas; pero que tiene en su favor una baza muy importante, y es precisamente la de la supervivencia. Como animal que es, el Ser Humano no busca realmente otra cosa. Quizás el error esté solo en  la forma de conseguirla…

 

JuanManuel Sánchez

Madrid,8 de febrero de 2009

Mi pequeña gran historia...(Final)

 

 

Los gritos inundaron la cueva. Las sombras se cernieron sobre los jóvenes. Y el solitario atravesó el umbral de la entrada vestido de negro y ensangrentado con un ciervo sobre los hombros.

 

“Tomad, comed.”-dijo- “no vendrá ningún helicóptero”.

 

“¿Qué haces tu aquí?”-preguntó el guerrero- “¿Cómo te atreves a volver?”

 

“Jejeje...”- rió de nuevo- He vuelto porque vosotros no tenéis ni idea de donde estáis, os halláis aterrados y queréis volver a casa. Además, algo habréis de comer, ¿no?”

 

Sergio montó de nuevo en cólera y atacó al solitario, esquivando éste todos y cada uno de los golpes. Cuando, cansado, el guerrero paró, el solitario aprovechó para darle un solo golpe en el pecho que consiguió tumbarle.

 

“Así que además de solitario eres experto en buscarte enemigos, ¿no?”-dijo Lilian-“¿Se puede saber que haces?-preguntó-.

 

La respuesta fue breve: “Salvaros la vida”.

 

Tras ello, el solitario marchó de nuevo.

 

Pasó el tiempo; días y noches. Y el solitario no volvió a aparecer. Los jóvenes tenían cada vez más hambre y frío, y el miedo y la desesperación crecían en su interior. Hasta que un día, divisaron un ciervo muerto al pie de la pendiente.

 

“Yo bajaré a cogerlo”- dijo el guerrero- “Hoy comeremos bien”.

 

Con mucho cuidado, inició el descenso, y las jóvenes lo observaban desde arriba. Pero de repente, una espesa niebla cubrió todo, y tuvieron que volver adentro a esperar.

 

Llegó la noche y Sergio aún no había regresado. Las cinco muchachas lloraban desesperadas, apiñadas en un pequeño rincón de la cueva. Pronto cayeron dormidas, cansadas y escasas de fuerzas.

 

Al amanecer, una bandeja repleta de frutos y un cubo de agua se hallaban en la entrada de la cueva. Al verlo, todas corrieron enloquecidas a comer, y en pocos segundos acabaron con ellas.

 

“Sergio lo ha conseguido”- dijo Silvia- “¡Nos ha traído comida y además ha vuelto a pedir ayuda!”

 

Las jóvenes fueron invadidas por la alegría. Al fin habían podido comer algo, y estaban convencidas de que pronto el guerrero volvería con alguien que les salvaría. Pero de nuevo, pasaron los días, y nadie acudía. Solo que ahora todos los días tenían en la entrada de la cueva algo para comer.

 

Una noche, Lydia, intrigada, quedó despierta para averiguar lo que pasaba. Era todo demasiado extraño, y algo en su interior le decía que no podía ser bueno.

 

Cuando le vio, supo enseguida que era él. Iba tan solo con un pantalón, descalzo y sin camiseta, y se hallaba empapado, portando en sus hombros un ciervo y un conejo en cada mano.

 

“¿Hablarás si te pregunto?- dijo Lydia- “no entiendo porque haces esto”.

 

“No todo en este mundo se puede entender”-contestó el solitario- “El sustento mismo de la vida es un misterio”

 

En ese momento una lágrima cayó por el rostro de la princesa, y acercándose al solitario, le miró fijamente a los ojos.

 

“Tienes unos ojos muy bonitos”- dijo- “Lástima que nunca los vayas a poder compartir con nadie”

 

Dicho esto se dio la vuelta, sentándose a llorar en uno de los rincones de la cueva. El solitario, observándola, se acercó a ella un momento, le tendió la mano y le dijo:

 

“¿En verdad deseas comprender porque estoy aquí?”

 

“Si”-contestó ella- Si lo deseo.

 

“Pues resistir tan solo dos noches más, y te prometo que a la tercera os liberaré”-dijo el joven. Ahora es cuando viene lo más difícil.

 

A la mañana siguiente, el esqueleto del guerrero apareció en la cueva. Al verlo, los gritos no dejaron de sonar, y pasó un buen rato hasta que las jóvenes pudieron tranquilizarse. Las lágrimas derramadas bien podrían haber llenado todo un barreño, y la desconfianza inundó el lugar.

 

“¿Qué es lo que a pasado?”- preguntó Silvia- “¿Por qué ocurre esto ahora?.

 

Pronto las acusaciones y las disputas surgieron, y a partir de entonces estuvieron frías y distantes. Todas se acusaban mutuamente de haberle matado, y durante la noche ninguna durmió como antes.

 

Por la mañana, no había comida, ni agua, ni nada que pudiera saciar sus estómagos. Eso las irritó aún más, e hizo crecer la desconfianza, pues significaba que alguna de ellas había estado alimentándolas con carne humana.

 

Lydia no daba crédito a lo que veía. La noche en que había quedado despierta, sus ojos fueron testigos de que lo que el solitario había llevado era un ciervo, y no entendía lo que ocurría. Sin embargo, había sido avisada que lo peor estaba por llegar, y prefirió mantenerse callada.

 

Al día siguiente pasó lo mismo. Y llegada la noche, decidieron hacer un fuego en la cueva. Pero en ese momento, algo se oyó en el exterior, y Lydia salió.

 

“Solo tendrás una oportunidad-dijo el solitario- Ahora es el momento. Ven conmigo.”

 

“¿Pero y las demás?”-preguntó ella- “¿Por qué pasa todo esto, y por que te comportas así?”

 

“Porque yo perdí mi oportunidad”-contestó- “Y ahora ya es demasiado tarde para arrepentirme”.

 

La bajada fue lenta y dificultosa, ya que las rocas estaban muy resbaladizas y debían tener cuidado. Al llegar al pie de la pendiente, comenzaron a correr hacia el interior del bosque, cayendo Lydia varias veces. De pronto, llegaron a un acantilado, desde donde se podía divisar un mar embravecido, que chocaba violentamente contra las rocas. El solitario cogió a la princesa de la mano, y le dijo:

 

“Como te dije, solo tienes una oportunidad. Y yo ya perdí la mía. Te prometo que si confías en mi, al despertar te hallarás sana y salva”

 

Lentamente, con los ojos cerrados, la princesa fue escuchando lo que aquel extraño joven le susurraba al oído. Y poco a poco, las lágrimas inundaron su rostro. Vicky, Lilian, Silvia, Mar, Sergio... todos pasaron por su cabeza, pues también perdieron su oportunidad. Y poco a poco fue comprendiendo todo. Sergio al caer por la pendiente; las doncellas por el fuego que inundaría la cueva. Y ella, solo tenía esa oportunidad.

 

“¿Y por qué me ayudas?”- preguntó Lydia.

 

El solitario, con una sonrisa, respondió: “Se hace tarde. Debes marchar”

 

Aproximándose al borde del acantilado, vio que el cielo se hallaba cubierto de nubes, que impedían ver las estrellas. LA niebla comenzaba a acercarse, y tras desear suerte al joven solitario y darle las gracias, dio el ultimo paso del camino.

 

Al despertar, no había nadie en la habitación. Se levanto poco a poco de la cama, y salió al pasillo. Se acercó a un mostrador, y vio en un periódico la noticia sobre el accidente:

 

CINCO JÓVENES MUEREN AL CAER POR UN BARRANCO EL AUTOBÚS EN EL QUE VIAJABAN.

 

“¿Cinco?”- se preguntó Lydia-“¿Y el solitario?”

 

Abrió el periódico buscando señales de él, pero no aparecía por ningún sitio. Cuando lo terminó, se quedo sin respuesta alguna.

 

Pasaron los días, y cuando volvió a casa, decidió salir con su novio para ir a la playa que tanto le gustaba. Quedó  con él en el acantilado, donde le sorprendió ver una pequeña flor.

 

“La plantó ahí el hermano pequeño del chico”- dijo su novio- “piensa que así algún día volverá, y por eso no la tiró al mar”.

 

Ambos se dieron un fuerte abrazo y un apasionado beso de reencuentro. Al fin podían disfrutar juntos de nuevo, y la alegría inundaba sus corazones.

 

“¿Qué chico?”- preguntó Lydia, intrigada- “¿Es que han surgido nuevas leyendas en mi ausencia?”

 

“El chico que se suicidó la noche antes de tu viaje”-dijo el novio- “uno que al parecer se lanzó al mar desde aquí”

 

Bajaron hasta la playa, donde se quedaron observando el mar, hasta que Lydia se decidió a sumergirse en sus aguas. Y justo en el momento de hacerlo, sintió que alguien la observaba desde aquel acantilado. Y cuando miró, recordando todas las tardes en el mar, al fin lo comprendió.

 

 

Juan Manuel Sánchez

7/12/04

Almería

 

 

 

 

 

 

 

Mi pequeña gran historia...(1ª Parte)

El cielo se hallaba cubierto de nubes grises y tristes, que hacían que el mar pareciera aquel lugar del que tanto le habían hablado. La noche estaba cercana, y soplaba una suave brisa que provocaba una expresión de placer en su rostro. El oleaje era fuerte, y sus ojos quedaron fijos en aquella hermosa mujer que valientemente enfrentaba a la naturaleza bañándose en tan agitadas aguas.

 

Sus cabellos eran cortos y de color tierra, y sus azules ojos eran un fiel reflejo de la gran  belleza interior que su alma portaba. Era alta y esbelta, de bello cuerpo y precioso rostro, además de llevar consigo el porte de una princesa.

 

Pasó mucho tiempo observándola, y pronto vio que el corazón de tan noble mujer estaba ya ocupado por otro hombre, lo que provocó sin duda una gran tristeza en su interior. Una tristeza dolorosa y mortal, que hizo temblar sus cimientos. Y que le llevaría al que irremediablemente era su destino.

 

Era un día soleado pero frío, en el que el aire se movía rápido y fuerte, agitando los cabellos de los reunidos en el lugar. Todos jóvenes de entre dieciocho y veinte años, estudiantes en su mayoría, que se disponían a realizar un largo viaje. Y si nos encontráramos en la época adecuada, quizás los participantes en dicho viaje se podrían resumir de esta forma: Caballeros, doncellas, siervos y bufones, además de un solitario misterioso y extraño inclasificable en cualquier época.

 

Cuando el autobús se puso en marcha, la alegría reinaba entre los viajeros. La hora de salida era la prevista, y las ansias por llegar ya habían comenzado. Pero al pasar las primeras horas, la mayoría quedó dormida o en silencio.

 

Al despertar, la niebla había ocupado el paisaje. La humedad del exterior atravesaba el autobús, creando tensión entre los ocupantes. Y el conductor, nervioso y cansado, no divisó la señal de peligro.

 

La caída fue rápida. Apenas el vehículo salió de la carretera, llegó hasta aquel desconocido lugar.

 

Solo quedaron siete supervivientes. Cuatro doncellas, un guerrero, la princesa y el joven extraño. Se hallaron de pronto en un indescriptible lugar de sombras y oscuridad. El miedo se apoderó de ellos, y estuvieron largo rato sin apenas reaccionar.

 

Pasado el tiempo, el guerrero se erigió en líder del grupo y se encaminaron hacia la carretera. La pendiente era difícil de salvar, y tuvieron que parar a mitad de camino. Desde allí, una de las doncellas observó que había una cueva, y decidieron adentrarse en ella para resguardarse del frío, aprovechando para conocerse y hablar sobre sus vidas.

 

El guerrero respondía al nombre de Sergio; las doncellas eran Silvia, Vicky, Lilian y Mar; la princesa se llamaba Lydia y el solitario no articuló palabra alguna, por lo que decidieron que le llamarían de esa forma.

 

Al día siguiente, por la mañana, tras una de las tormentas más fuertes que recordaban, decidieron ir a buscar ayuda, pero al organizarse para ello, se dieron cuenta de que el solitario no estaba. Lo buscaron llamándole por los alrededores, pero no lograron encontrarlo.

 

Fue el guerrero el que decidió enfrentarse al peligro de lo desconocido. Salió de la cueva en dirección a la carretera, trepando por la dificultosa pendiente. Aunque la niebla se había disipado un poco, aún era imposible llegar a ver la carretera, lo que le añadía aún más dificultad a la subida.

 

Mientras, en la cueva, la princesa se hallaba callada y encogida en un rincón. Y las doncellas, a excepción de Vicky, se quedaron dormidas de nuevo. Aprovechándolo, Lydia le preguntó sobre su vida.

 

“Tengo dieciocho años, y estudio peluquería y estética en el instituto de la costa. Vivo con mi padre, porque mi madre nos abandonó cuando nací, ya que decía que yo era la culpable de su obesidad, y no podía soportar el hecho de no poder tener un cuerpo 10”.

 

“Yo tengo diecinueve años, y estudio biología marina en la universidad del pueblo. Vivo con mis padres en una pequeña casa de las afueras, y apenas tengo tiempo para nada. En cuanto salgo de estudiar, tengo que ayudar a mi madre con la comida y la casa, y después he de ir con mi padre al huerto. Por la noche, ayudo a mis padres con el pan, y si tengo suerte después me pongo a estudiar. Si no, me voy a dormir, levantándome tres horas después para recomenzar todo otra vez”.

 

Ambas compenetraron enseguida. Estuvieron hablando horas y horas, hasta que de pronto vieron entrar al solitario con algo de comida.

 

“Es un conejo”-dijo.

 

Y se apartó a un rincón en el que quedó dormido ante la atónita mirada de ambas jóvenes.

 

Cuando despertó, todos los ojos estaban puestos en él. Sergio acababa de volver, y no había encontrado la carretera. Además, se encontraba herido, puesto que había caído al intentar saltar de una roca a otra en el camino. Silvia se encontraba curándole las heridas con un pañuelo, y en su mente, como en la de los otros, rondaban muchas dudas acerca del extraño joven.

 

“Dinos quien eres y de donde has sacado ese conejo”- dijo Sergio- “háblanos sobre ti o yo mismo te haré hablar”.

 

El solitario sonrió, mirando hacia el suelo, y después clavó su mirada en los ojos del guerrero, provocando el enfado de éste, que al sentirse desafiado estalló en cólera y fue a por él. Pero al intentar alcanzarle, el extraño joven se escabulló y salió corriendo de la cueva en dirección al bosque.

 

Llegó la noche y los jóvenes estaban cada vez más asustados. La hora de llegada a su destino ya había pasado, y pensaban que debían estar ya buscándoles, cosa que les asustaba aún más al no haber siquiera oído a nadie por allí cerca. El guerrero dijo que no se preocuparan, que al día siguiente les encontrarían los equipos de rescate, porque había escuchado un helicóptero al buscar la carretera.

 

“Jejeje...”- se escucho de pronto- “¿Un helicóptero?”

 

 

 

Continuará....http://buhosyzorros.blogspot.es/admin/archivos/wink.gif

Las Almas(Mi primer relato...)

 

 

Era una tormentosa noche de verano, y Jorge y sus amigos habían quedado en el cementerio. Querían asustar a las chicas del grupo, especialmente a Carolina, la más miedosa. Ya habían llegado la mayoría, cuando un extraño ruido les asustó a todos.

 

Dos horas después, llegaron Carolina y Jorge, pero no había nadie en el lugar donde habían quedado. Entonces, a pesar del miedo y la lluvia, algo les empujó desde el interior hacia el cementerio, y tras caminar un buen rato, se encontraron con una extraña roca en la que había una inscripción:

 

“Para liberar tu alma de lo material, encuéntralo”

 

Fue en ese momento cuando les entró verdadero pánico, y salieron corriendo hacia la entrada del cementerio, pero la encontraron cerrada. Al ver como temblaban de miedo, decidieron buscar otra entrada. Pero de repente, una figura espectral se les apareció justo delante, y comenzaron a correr como nunca lo habían hecho. Cuando llegaron a la otra puerta, y comprobaron que ésta se hallaba también cerrada, comprendieron que no podrían escapar. El espectro les había estado siguiendo, y no mostraba en absoluto cansancio. Ellos, en cambio, ya no se podían mover y estaban a punto de desfallecer. Tras un último esfuerzo, ambos se rindieron.

 

De repente, Carolina se despertó y vió a su madre a su lado. Estaba en un hospital. El vigilante del cementerio la había hallado junto a otros cinco jóvenes, todos en muy mal estado. Cuando preguntó por Jorge, le dijeron que había sido hallado en un nicho cuya inscripción decía:

 

“Solo las almas puras hallarán la salvación”

 

 

 

Juan Manuel Sánchez

Año 2000

Amirai

 

 

Salaam aleikum, queridos hermanos. Bienvenidos a la península arábiga, tierra de inhóspitos paisajes y bellas dunas de arena. Aquí encontrarán sin duda la belleza y la vida, pero les advierto de que también podrían encontrar la muerte. Nos les servirá de nada ser europeos o americanos, pues el desierto no distingue nacionalidad. Y Alá no les ayudará, pues son ustedes infieles en Tierra Santa.

 

Yo seré su guía, buena gente, pero antes de presentarme preferiría que me conocieran bien, pues quizás cierto hecho del pasado les invite a despedirme. Porque siento decirlo pero no soy un buen hombre. Hace ya mucho tiempo de aquello, pero creo que deben saberlo. Seré lo más breve posible. Esta es la historia:

 

 

Sus cabellos, eran de oro puro; su piel, de suave nieve; y sus ojos llevaban el mar dentro. Era sin duda la más bella mujer que existió sobre la faz de la tierra, y yo tuve la suerte de conocerla.

 

Todo comenzó hace mucho tiempo en las bellas tierras de Andalucía. Tierras de pasado Árabe de gran importancia para todo buen musulmán.

 Yo me encontraba en Granada, en el que fue mi único viaje por los orígenes de mis antepasados, herederos del último Rey de los nazaríes, Boabdil el Chico. Y es que yo soy de sangre real, a pesar de hallarme en la servidumbre. Pero todo tiene un porque. Y es que aquella mujer era de un lejano país del norte de Europa. Su nombre no llego a recordarlo, pero cualquiera que haya oído hablar de unos ríos incrustados entre montañas sabrá de dónde le hablo.

La conocí en un pequeño restaurante de comida Árabe, situado cerca de La Alhambra. Me hallaba comiendo un plato de sopa, cuando de repente entró ella con otro hombre, y se sentó en la mesa más cercana a la mía. Yo quedé asombrado por tal belleza, y no pude dejar de mirarla en lo que duró aquella comida. Después, al terminar, y cuando ya me marchaba, comenzaron a escucharse gritos y de repente, aquella hermosa mujer salió del restaurante corriendo mientras tristes lágrimas inundaban su rostro. Yo, hombre aún de carácter caballeroso, no pude sino salir a interesarme por los motivos de aquel doloso suceso.

 

Se encontraba sentada en el bordillo de la acera, y acercándome prudentemente, pregunté a la joven doncella por las causas de su dolor. Ella, no obstante, reconoció en mi rostro el de aquel hombre que continuamente había contemplado su belleza, y en principio no quiso sino saber acerca de mi interés por ella. Pero sabedor yo del gran secreto de mis antepasados, preferí disculparme y recomenzar la situación. Y debió surtir efecto porque estuvimos hablando hasta la noche.

 

 

Tras acompañarla hasta la estación de autobuses, para que pudiera coger el suyo hasta Motril, ciudad costera en la que se hallaba su casa, prometí recompensarla al día siguiente por tan gran día. A estas alturas, ya habrán podido comprobar que la narración se me da bien, y es que por aquel entonces era también un pequeño escritor aficionado a la poesía. Cuando marchó en el autobús, pude notar en mi corazón cierto resentimiento, pues en aquel momento desearía haberla besado. Pero como todos sabemos, es menester de todo buen caballero que aquel primer beso de amor, para poder siempre guardarlo en la memoria, sea el más bello de todos. Y eso, en una estación de autobuses, no habría sido posible.

A la mañana siguiente, partí rumbo a Motril al encuentro de la doncella. Habíamos quedado en la misma parada de autobuses, y al llegar, allí pude verla más hermosa que nunca. Vestía un hermoso vestido color blanco, y sus cabellos ondeaban al aire. Sus piernas eran visibles, y sin duda alguna pude ver en ellas la elegancia de una princesa.

 

“La paz sea contigo, caballero”-dijo.

“Alikum Salaam”-dije yo.

 

Paseando, fuimos hasta la playa, donde estuvimos hasta que el hambre llegó a nuestros estómagos. Entonces, me llevó a un pequeño restaurante donde probé por vez primera los famosos pescados fritos de los andaluces.

Mientras comíamos, le dejé en la mesa una bella poesía que había escrito la noche anterior. Tras leerla, sus ojos se iluminaron y su sonrisa nunca la olvidaré. Me dio las gracias, a lo que le contesté que de nada, pero en árabe. Eso  le pareció gracioso, y juntos reímos un rato sobre las diferencias lingüísticas.

 

Tras la comida, volvimos a la playa. Nos tumbamos en la suave arena, y con mucho tacto conseguí que se apoyara en mi hombro mientras le acariciaba suavemente la cabeza. En mi interior, algo me intranquilizaba, pero lo achaqué a los nervios y no hice caso a la voz de Alá que mi corazón escuchaba. Pasado un largo tiempo, ambos nos miramos tras una palabra de significado desconocido para ella.

 

“¿Qué es Amira?”-preguntó.

 

Mi corazón había visto el momento oportuno. El sol comenzaba a ocultarse, y el sol anaranjado daba esa luz que los momentos especiales necesitan. La belleza era increíble, y se lo dije.

 

“Begetbat, Amirai.”

 

Después, la besé. Y el mejor momento de mi vida llegó al fin.

 

Horas después, ya de noche, la acompañé hasta su casa. Todo estaba lleno de gente, y no lo vimos venir hasta que se posicionó justo delante de nosotros y descargó su rifle contra mi preciosa doncella.

 

 “O mía o de nadie”-dijo.

 

Yo no pude hacer nada, y para cuando forcejeaba con su novio, aquel que había provocado sus lágrimas en el restaurante el día anterior, ella ya se hallaba rumbo al paraíso. Conseguí quitarle el rifle, pero sacó una pistola y de nuevo forcejeamos. Pero el destino quiso ser trágico de nuevo,  y el arma se disparó, hiriéndole de muerte.

 

Y es por ello que me encuentre a su servicio, pues después de aquello huí del país como siglos antes habían echo mis antepasados. No pude siquiera acudir al entierro de mi amada Amira. Y ella jamás supo lo que esta palabra significaba. De modo que me guardaré de traducirla hasta que Alá nos reúna de nuevo en el paraíso, pues tras mi huída peregriné a La Meca, y allí, en La Kaaba, Alá perdonó a mi corazón por hallarse enamorado. Pero bien sé que los hombres no entienden el perdón, de modo que si ustedes lo desean, pediré que otra persona les guíe. Pero si la bondad se halla en sus corazones, y así lo desean, entonces acompáñenme, y contemplen las maravillas de la que ahora es mi tierra:

 

El desierto de Arabia.

 

Juan Manuel Sánchez

2004

Un pequeño intento de romance...

 

 

Era un día soleado,

pero la mar se agitaba,

cuando paseando en la playa,

la ví mientras naufragaba.

 

Acercándome despacio,

mi mente se preguntaba,

¿Cómo a la doncella ayudar,

si la duda me atrapaba?

 

Mil palabras yo tenía,

pero el habla no llegaba,

mil susurros al oído,

que mi boca no encontraba.

 

Solo al oir su linda voz,

mi corazón comenzaba,

a buscar ese sonido,

que mi voz necesitaba.

 

Y solo entonces logré ver,

lo que su alma tanto ansiaba;

una razón para vivir,

el poeta que llegaba.

 

Por extraña casualidad,

el destino me llamaba,

e interesada mi mente,

a sus labios escuchaba.

 

Y era realmente importante,

lo que a su alma preocupaba,

pues era tristeza de amor,

algo que a ella la mataba.

 

Había luchado todo,

por todo se lastimaba,

pero esta vez ganó el amor,

a la que todo lo ganaba.

 

Y es que era bella sin igual,

a cualquiera enamoraba,

pero listo era el diablo,

que al infierno la llamaba.

 

Yo traté de disuadirla,

pues la vida nunca acaba,

y la muerte no era el final,

que su corazón buscaba.

 

Pasó el tiempo y se echó a la mar;

mi corazón palpitaba,

con rabia, odio y pesar,

mientras su alma se bajaba.

 

Y es por ello que este día,

el gran sol nos inundaba,

pero acechando la muerte,

en la mar nos esperaba.

 

 

Juan Manuel Sánchez

Escrita el 17 de Enero de 2006 

Cruzando Límites

Dicen que hay una línea,

una frontera.

Que si estás en un lado,

no estás en el otro.

 

Un blanco y un negro,

un hola y un adiós,

una vida y una muerte,

lealtad y traición.

 

Un paso en falso,

y cruzas el límite.

Te sientes extraño, distinto;

cambias de bando.

 

Un abismo aparece,

y entonces viene lo difícil.

A veces flotas, a veces caes;

la niebla cubre el camino.

 

No puedes detenerte,

ya no hay marcha atrás,

y continúas a ciegas,

por la senda de la osuridad.

 

Ahí es donde llega,

ese momento decisivo,

donde una persona muestra,

lo que vale en realidad.

 

Ahí y no antes, en verdad,

se decide como acabará;

que consecuencias traerá,

ese paso hacia el final.

 

Y como será el futuro,

solo Dios sabrá,

pero en ese frío instante,

todo es hostilidad.

 

Y no por enfrentamiento,

ni tampoco por casualidad;

es producto de la confusión,

de la bruma del despertar.

 

Ha de pasar el tiempo,

amainar la tempestad;

para que el barco vea puerto,

y pueda descansar su capitán.

 

Una llegada esperada,

desde mucho tiempo atrás,

culminación de un largo viaje,

¿Hacia la eternidad quizás?

 

Es al abandonar el barco,

cuando llega la oportunidad,

de comprobar que lo deseado,

se corresponde con la realidad.

 

Y ahí la tripulación,

tiene mucho que decir,

especialmente un oficial,

encargado del amor.

 

Su nombre: Corazón;

valiente y bravo luchador.

Salvaje, incansable;

incombustible trabajador.

 

Aunque no menos importante,

la eterna aspirante.

Habla sin parar...

!Piensa, medita, razona!

 

Y luego están los currantes,

la vida y la emoción;

Alma, Espíritu,

y una extraña sensación.

 

Todos han de discutir,

si la nueva situación,

es algo temporal,

o para siempre durará.

 

No es fácil dicha tarea,

pero todos colaboran,

porque saben que si no,

otra tormenta espera.

 

Y la experiencia finalmente,

logra al acuerdo ayudar,

si se quedan, será el final;

si se van no volverán.

 

Una vez decidido,

el destino trabajará,

comenzará su propio camino;

el encuentro, al final.

 

Y volvemos al principio,

pues otra línea hay que cruzar,

navegando por la mar,

hasta el océano encontrar.

 

 

Juan Manuel Sánchez

Escrita el 24 de noviembre de 2006 en Talavera de la Reina, Toledo.

 

Que la disfruten...http://buhosyzorros.blogspot.es/admin/archivos/wink.gif

Bienvenidos

Hola, mi nombre es Juan Manuel Sánchez y deseo darles la bienvenida a mi blog, de reciente creación. En él encontrarán un un poco de todo, pues como he puesto al describirlo, en este mundo hay mucho que ver, pero poco es lo que a lo largo de nuestras vidas lograremos haber visto. Espero, pues, que mi pequeña contribución logre mostrarles un poco más de este infinito universo. Muchas gracias por su atención y mis mejores deseos.

 

Un saludo

 

Juan Manuel Sánchez

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